El camino es cansado, que hay que hacerlo cuesta arriba y, de vez en cuando, es conveniente una parada por dos obvias razones, para recuperar fuerzas y para contemplar el entorno, porque el caminante tiene la vista esclavizada siempre a la observación del suelo en evitación de posibles accidentes.
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Es entonces cuando el diminuto mundo de los guijarros, el acotado espacio del sendero, queda abajo y la mirada tropieza con la magnificencia del paisaje…
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No hubiera sido posible sin esa aplicación a lo menudo, a lo que pueda parecer que carece de importancia, sin esa concentración en los pies, en la vulgar incidencia que lleva consigo cada paso.
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Y es entonces cuando la fatiga y la concentración reciben el premio y el mundo deja de ser trocha y cañada, guijos y poleo, y son cumbres que flirtean con las gasas de los cirros.
martes, 10 de mayo de 2011
viernes, 15 de abril de 2011
domingo, 20 de marzo de 2011
miércoles, 29 de diciembre de 2010
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